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ANSIEDAD Y DEPRESIÓN DESPUÉS DEL ICTUS

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN DESPUÉS DEL ICTUS

Cuando nos dicen la palabra Accidente Cerebrovascular o Ictus, inmediatamente pensamos en las consecuencias físicas que nos deja ésta patología, ya que evidentemente, son las más visibles.

Sin embargo, si vamos mas allá, encontramos que en un gran porcentaje de la población que ha sufrido un proceso de ictus presenta problemas de tipo cognitivos o psicológicos y éstos también deben tratarse adecuadamente, ya que van a influir de manera directa en el tipo y tiempo de recuperación que tengamos.

Depresión y ansiedad directamente ligados al Ictus.

Tras un proceso de ictus, una parte de nuestro cerebro deja de recibir oxígeno, lo que provoca en muchas ocasiones daños irreversibles en áreas cerebrales relacionadas con la funcionalidad en la ejecución de las actividades básicas de la vida diaria.

Cuando atravesamos un proceso patológico de éstas características, en donde se produce una pérdida parcial o total de la autonomía, se producen una serie de cambios en los roles que veníamos desarrollando, es decir;

“mi madre que era una mujer totalmente independiente y vivía sola en su casa, se encargaba de realizar todas las tareas domesticas como siempre había hecho, cuidaba de sus nietos y salía a tomar café con sus amigas, se convierte ahora en mi hija, que tiene que vivir conmigo, es incapaz de comer sola, por supuesto no puede encargarse de sus nietos y su circulo social se ha reducido a visitas contadas de amigas que lo único que hacen es sentir pena por su situación actual”. 

Por todos estos cambios, las personas ven cambiada su identidad, donde se ve alterada la percepción y la imagen personal que tienen de sí mismos. Por lo que la salud psicológica de las personas va a depender principalmente de la necesidad de otra persona y la capacidad de adaptación a la nueva situación.

La depresión ocupa el primer puesto del alteraciones psicológicas, más de la mitad de afectados por ictus atraviesa un proceso depresivo. La apatía, ansiedad, agitación o trastornos alimenticios ocurren igualmente aunque en menor proporción.

¿Cuando aparecen estos síntomas?

La capacidad de afrontamiento de la situación actual es fundamental para evitar que se desarrollen estas sintomatología. Evitar actitudes de negación o pasividad es algo imprescindible para afrontar esta enfermedad.

Es por ello que el trabajo familiar en torno a esta actitud es crucial.

¿Cual es el tratamiento que necesito?

Es fundamental que el profesional realice una valoración y evaluación inicial para ver el estado inicial en el que se encuentra la persona, incluso realizar algún tipo de terapia con el enfermo.

Pero sin duda el mejor tratamiento en muchos casos es dejar hacer. Muchos familiares caen en la trampa de sobreproteger al afectado (tarda mucho, no lo hace correctamente, se mancha, etc…), provocando que la persona pierda total interés por ejecutar cualquier actividad.

Es muy importante que desde el primer momento que sea posible, la persona empiece a realizar aquellas actividades que pueda (Alimentación, Aseo Personal, Vestido…) , ya que va a repercutir directamente en su estado anímico, y ésta a su vez en la rehabilitación.

Por supuesto el feedback del entorno social de la persona debe ser optimista. Evitar situaciones en las que se recalque la situación de dependencia de la persona o aquellas en las que sentir lástima se convierte en el tema principal de la conversación, ya que esto provocará un aumento del estado depresivo de la persona, y un sin fín de síntomas patológicos,

Finalmente recomendar el tratamiento farmacológico en aquellos casos en los que el estado de ansiedad o depresión impidan realizar un proceso rehabilitador correcto, por supuesto, siempre recomendado por el profesional adecuado y bajo supervisión médica.

 

 

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